Un hombre sale de la Embajada de los Estados Unidos en Bogotá. No obtuvo su visa pero tiene que viajar. Se le acerca una persona y le muestra una tarjeta en donde le ofrece su teléfono y facilidades para burlar las barreras legales. En los periódicos aparecen también anuncios no sólo ofreciendo visas, sino posibilidades de empleo en el exterior bien remuneradas . EL TIEMPO se comunicó con uno de los anunciantes, pero la información sólo la dan personalmente y con cédula o pasaporte en mano.
De este negocio, la embajada de EE.UU. es consciente. Según la oficina de prensa, se han presentado diferentes problemas de este tipo y por eso el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) está presente en la sede para vigilar y entrevistar a las personas que llegan con papeles falsificados o que despiertan dudas.
Aunque se sabe que el fenómeno existe, no se tienen cifras sobre el número de colombianos que salen ilegalmente al exterior. Para el economista Alcides Gómez y la socióloga Luz Marina Díaz (autores de La moderna esclavitud, los indocumentados en Venezuela), cerca de dos millones de colombianos -entre legales e ilegales- se encuentran fuera del país y se concentran básicamente en Venezuela (un millón aproximadamente), Estados Unidos, Ecuador y Canadá.
Hoy en día los salarios rinden mucho menos que antes -anota Alcides Gómez-, el gasto social ha venido en retroceso desde los ochenta, y las garantías en la educación y la salud son insuficientes. En síntesis, las condiciones de vida para la gran mayoría de la población son malas y por eso mucha gente busca irse para ganar más y mandar dinero a sus familiares .
Tráfico en Colombia? El tema, sin embargo, no transnocha a los especialistas porque, a diferencia de China, el tráfico de humanos en Colombia no es un fenómeno preocupante.
No parece haber una información que indique que aquí se están moviendo organizaciones criminales que se dediquen a esa actividad o que utilicen el suelo colombiano como un punto en la conducción de gentes hacia a otro destino dijo a EL TIEMPO el viceministro de justicia Fernando Silva García. El tráfico de colombianos -agrega- no alcanza a tener la representación para que nos ubiquen dentro de los países en los que causa conmoción y que es materia de preocupación en las relaciones bilaterales .
La Interpol, no obstante, tiene informaciones que demuestran que en Colombia hay grupos de pequeños traficantes. Julio Parodi, funcionario del organismo, le contó al TIEMPO que en varias redadas han descubierto un número importante de chinos (que tienen su gueto en el centro de la ciudad), de peruanos y ecuatorianos que terminan siendo deportados no tanto porque estén haciendo actividades ilícitas, sino porque están en condición de ilegales.
En el archivo de la Interpol, los brasileños encabezan la lista de las deportaciones que se hicieron entre enero y septiembre de 1994 con 212 casos, siguen los peruanos (79), los ecuatorianos (64), los chinos (15) y los italianos (10). Sin embargo, no hay controles que impidan que los deportados vuelvan a entrar al país.
Esta falta de control sobre la entrada y salida de personas del país va más allá. Colombia no exige visa de entrada y en consecuencia puede ingresar toda persona que no tenga antecedentes criminales. Un ejemplo. Cuando en septiembre de este año volvió la peste bubónica a la India, en un avión de Air France llegaron al país más de cien indios. Nadie se preocupó por su estado de salubridad.
Una práctica con raíces antiguas El negocio de traficar con seres humanos no es nuevo. En América empezó cuando en 1516, el sacerdote Bartolomé de las Casas le presentó al Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, confesor de Isabel La Católica, un memorial para importar desde España esclavos negros o blancos, en compensación de la mano de obra indígena, diezmada considerablemente .
Fue así como entre 1518 y 1873, el comercio internacional de personas trajo al continente más de 10 millones de africanos, la más grande migración forzada de la historia. Otros 10 millones murieron durante las expediciones, las guerras adelantadas en Africa para capturar los esclavos, o durante la infame travesía del Atlántico.
Para los europeos implicados, representó el negocio más lucrativo del mundo. Tanto, que para algunos investigadores, esos enormes lucros financiaron la revolución industrial en Europa. Pero también fue un negocio rentable para los contratistas africanos que podían ganar hasta 600 lingotes de hierro de alta calidad, o 16 fusiles por cautivo. El atractivo de tales riquezas condujo al desarrollo de una economía de guerra en Africa, donde los jefes podían volverse reyes, y los reyes, emperadores.
A pesar de las nefastas condiciones en que vivían y de lo dramática que fue esta etapa, los esclavos lucharon por preservar su cultura. Un ejemplo de esto es que crearon y desarrollaron religiones complejas, que mezclaban los elementos de su herencia africana con las tradiciones indígenas y católicas. La Santería en Cuba, el Vudú en Haití, el Candomblé en Brasil y el Shango en Jamaica, son las más conocidas.
(RECUADRO MAC)
Publicación
eltiempo.com
Sección
Internacional
Fecha de publicación
4 de diciembre de 1994
Autor
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Contribuir a apoyar la generación de dinámicas transnacionales entre España y Colombia tendientes a constituir a la población migrante como motora de desarrollo, tanto en sus lugares de origen como en destino, poniendo especial énfasis en el fundamental papel de la mujer colombiana. De manera particular se espera apoyar los flujos migratorios entre Madrid y Colombia ordenados y fundamentados en un constante intercambio de información entre origen y destino.
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